En
un siglo ventiuno caracterizado por el consumismo, en el que ya incluso la
mayor parte de los pueblos aborígenes en lugar de seguir creando compran bienes
fabricados y miran muy poco por la naturaleza, en el que todo está hecho de
plástico y de una forma bastante amoral, quise proponer una solución con mi
arte. Decidí crear un virus bueno, el de la Calabacitis, que nos hiciera
olvidar los malos hábitos y nos comunicase directamente con la naturaleza y el
color. Nacieron unos bichitos hechos con unas calabazas que mi abuelo cultivó
en su huerta (en los cuentos han sido siempre el origen de la magia, la materia
prima): Lunini, Delfo, Urso, Manatito, Parolo, Fili, Quino, Quelo, Croco y
Trompo. Eran un pequeño grito en contra de la degradación del ser humano que
nos invitarían a conservar los arroyos, ríos, pantanos y marismas en su estado
original (decían que debían ser tratados como seres sagrados), nos enseñarían
el camino hacia la felicidad, nos harían olvidar los malos hábitos (nuestros
principios consumistas) y nos darían color.
Espero que nos acompañen y su compañia nos inspire en la reconstrucción de nuestro mundo geométrico.
ResponderEliminarun saludo
JJ
Querido JJ:
ResponderEliminarComo puedes ver en nuestra entrada del Martes 26 de Setiembre del 2017, Manatito ha decidido convertirse en tu cómplice para convertir en realidad tu deseo. El primer comentario, de la primera persona contagiada de Calabacitis merecía tener una fuerza tan extraordinaria como para que Manatito empezara a cumplirlo. Y me ha dicho un secreto, se las apañará para convencer a todos para que se apunten a esta tarea de reconstruir también el mundo geométrico. Porque para entender el mundo hay que empezar por dibujarlo. Y así ¡podremos transformarlo!